Adolfo Ruiseñor

(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1962) poeta, ensayista, narrador y traductor del inglés y del portugués.Ha publicado Memoria de los Días (poesía, 1984 edición de la UNACH, 2ª edición en la Col. Public Pervert 2011 y tercera edición en 2014 también en Public Pervert)).Portería y parvularía (poesía, plaquette ganadora del Primer Lugar en los Juegos Florales de San Marcos, rama de Poesía en 1993, edición del Patronato Fray Bartolomé de Las Casas; Tinta Vida (poesía, CONACULTA 2000, edición que recoge una década de su trabajo poético). Ha publicado infinidad de traducciones  en revistas y periódicos de literatura de poetas de lengua inglesa, tales como Dereck Walcott, Samuel Beckett, T.S. Eliot, etc. En 2015 publicó “De lápices romos” edición antológica que reúne una selección de diez años de su trabajo literario, bajo el sello del Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura.En 2018 fue antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XX, edición del CONECULTA que reúne a los poetas sobresalientes de ese siglo.

DONDE NO PASA NADA

Donde no pasa nada
Donde entra el calor suave de la tarde
Y nos mima la curiosidad del gato
Con su leve y cansina densidad

Donde no pasa nada
Y habita el suspiro largamente reprimido
Mientras desgranamos la espera

Ah si me dijeras cuánto pesa el viento
Cuáles respuestas trae y deposita a la entrada de la casa
Que se cae de ausencias

Es una nostalgia culposa
Un vaso que alguien sin despedirse dejó a la mitad
De qué sed inicial, de qué camino de algodones me habla
Donde no pasa nada

Ocurre que el silencio se asoma con su rayana claridad por la ventana
Y por qué la dejamos cerrada
Quién puso coto a nuestros desvaríos

Ah si me dijeses qué calla cuando calla
Donde no pasa nada.

Adolfo Ruiseñor, noviembre y 2020.

TODA LA VIDA EN TI

Para Ena.

Toda la vida ardua y extensa de la noche y el día
La he pasado pensando en ti.
Las ventanas abiertas que dan la bienvenida al aire de la tarde,
La puerta franca que siempre está a la espera de buenas noticias,
La mesa en la que como y trabajo para allegarme la escasa abundancia,
El espejo en el que todavía tu imagen altísima se refleja y me ve,
Las mascotas que van y vienen a mi lado preguntando dónde estás
y en qué mundo andas,
Todo absolutamente todo, me devuelve a ti.

Es imperiosa y decidida esta necesidad de tenerte,
Y estas ansias de seguirte viendo son
Como la picazón de una abeja impertinente o la de una rapaz hormiga,
Poseyendo todo lo que de ti me llena
Y todo lo que de mí se dirige a tus brazos,
Y jamás se sacia.
Es bueno evocarte así:
Vívida como la clara luz que se dibuja con tu nombre en mi frente.

¡Ah, mujer, que seas serenísima,
Fuerte como la hiedra que toma a saco el muro
Y lo ocupa con plenitud de luna llena!
Bendigo tus ojos de azules oleajes,
Tus manos que piden en todo momento su feliz encuentro con las mías.

Porque no ha de faltarte nada, porque este amor que siento por ti rebosa;
Es un océano poderoso, un esplendor que ilumina cualquier oscuridad,
Sin importar la pena o las hojas de la tristeza, que han de ser pasajeras…

Aquí te espero,
Aquí en esta casa llena de tus visitaciones constantes.
Aquí donde escribo mirándote mirarme, mirándonos como encendidas luciérnagas,
Locos de amor, sin que ningún silencio calle el agitar de nuestras venas.
Al cabo la vida lleva tu signo, tu huella, tu vasto sentir de que cada cosa que late es importante.
Tú misma hasta adentro de mi pecho. Escarbándome con caricias.
Y yo, vuelto a ti, como una oveja que encontró al fin su amado rebaño.
Todo lo puedo en ti, todo lo puedes en mí.
La ondeante bandera de la dicha fundará sagas y nuevas eras en nuestra sangre y progenie.
Ahora duerme amor, sueña que te sueño.
Sueña que regresas y seguimos poniendo manteles para la dicha.

Adolfo Ruiseñor, noviembre y 2020.

SOLDADO

Para Ena.

Soy un soldado de la dicha,
Un criminal sediento e implacable, contra el blanco
Que pudiera amenazar tu sonrisa.
A cada rato, en la trinchera agreste, en la oscura zanja,
Aceito mis armas, pongo colmillo fino ante cada instante que te acecha,
Vadeando el río, el pantano que me rodea, el ojo seguro y definitivo,
Atentísimo al movimiento del tigre,
Ese peligro circundante que quisiera quitarte de mi lado,
Pero no puede. No podrá jamás.

No he dormido en días, semanas, en horas cuya data de inicio ya no registro.
Paso la noche en blanco a toda hora y, si algo late o se mueve
Para tratar de ocuparte, soy furia inacabable.

No es historia nueva, no es una misión recién encomendada.
Viene de hace muchos ayeres,
Desde cuando vislumbré tus ojos y amé todo cuanto en ti me fue hospitalario.
Así aprendí a ser un cazador de la presa,
Tras el instante que pondría en riesgo la isla de amor que construimos.

Sábelo bien, doquiera que estés:
Hay un implacable homicida peleando por ti, para ti, y contra todo lo que se opone,
Si no es justo, bello, bueno,
Contra todo lo que quisiera hacer trizas nuestra esperanza.

Soy un soldado, un modesto guerrero a pie,
Pero con valor tan rápido como el de una liebre.
No me asusta nada.
El entusiasmo, el vigor y la luz que nacen de ti,
Son mi alimento, mi mejor carnada.
Aquí, bajo las rejas del enemigo, me sostengo, me libero, me adelanto.
La casa que fundamos es nuestra guarida final, nuestro refugio invencible.

Sé lo que tengo que saber:
Soy tu soldado, tu defensa, tu ariete último,
Contra lo que nada ni nadie puede,
Si tú misma no lo permites.
Si tú misma lo ordenas, mi comandante.

Ayer ganamos una batalla, qué batalla.
Habrá muchas otras más.
Yo velo mis armas, haz lo propio amor,
No desistas,
No te destierres,
No descanses.

Adolfo Ruiseñor/ Noviembre 15 y 2020.