Alejandra Muñoz

(Chiapa de Corzo, 1992). Escritora, actriz y activista feminista. Egresada de la maestría en Ciencias sociales y Humanidades con especialidad en Discursos literarios, artísticos y culturales (CESMECA). Premio Estatal de la Juventud, 2007; ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del PECDA, Chiapas. Autora del libro Gatos de rabo corto (Carruaje de pájaros, 2019); ha publicado en revistas, antologías y fanzines. Ha sido reconocida por su trabajo como activista en defensa de los derechos de las mujeres y las niñas por la asociación Keremetic Ach Ixetic.

De Gatos de rabo corto

I

Me pregunto a dónde van los pelos de gato,
posiblemente el viento los arrastra,
peregrinos se van juntando,
hasta que,
como bolas de nieve,
se hacen más grandes
y se esperan a tomar el tamaño adecuado para ser otro gato.

Así esta especie tiene asegurada su permanencia.

IX

¿Qué te pasa, María?
¿Estás triste?

No,
estaba viajando
como los gatos.
¿Has visto cuando se quedan con los ojitos casi cerrados,
como soñando?
En realidad,
viajan.
Yo ahorita estaba en la Argentina.

XI

Adentro de la habitación,
dos cuerpos se acarician
mientras que las palomillas,
en una danza suicida,
se avientan al abismo de la cama,
como si en esos escasos metros
estuviera prendida una lámpara
de inagotable aceite.

Afuera,
una bandada de monocromáticas luces aladas
se aparea en la oscuridad del campo abierto.

XIV

Ayer tuvimos un ataque aéreo.
Todo comenzó con un zumbido.
Luego otro.
Pronto el cuarto se llenó de alas
golpeteándose furiosamente.
Los camikases se arrojaban con furia
sobre puertas y ventanas.
Arrastré al gato debajo de la mesa
mientras el ejército de ronrones se apoderaba de la habitación.

Sin embargo,
la fiera quería liberar su espíritu de caza,
jugar al godzilla
en medio de un Japón inexistente.

XVI

María,
¿vos sabés cuál es el camino para la Realidad?
¿Es este?
¿No te acordás?
¿Segura que no es este?
Yo lo recuerdo así.

XVIII

En la penumbra,
bajo la lluvia,
sobre la resolana,
a un lado de la cama,
se asoman los gatos de rabo corto,
los de cola fantasmagórica
cuya raza los dejó mochos.

Animalitos de actitud estoica
que viven extrañando su miembro corto.
¡Pobres gatos de rabo corto!
Nunca podrán apuntar al cielo,
cantarito roto.

Existen,
en el mundo suburbano,
más abajo,
en el mundo de la fauna callejera,
esos seres extraños,
gatos sin cola.

Nadie sabe de dónde salieron,
qué le pasó a su extremidad más larga,
serpiente rampante que se dio a la fuga.
Esos gatos, de rabos cortos,
sueñan que juegan con una tira peluda
que sale del mechón inútil
y les acaricia el lomito mocho.