Chary Gumeta

( Chiapas, México, 1962) Poeta y Promotora Cultural de Arte y Literatura. Ha publicado libros de poesía y de investigación histórica. Su última publicación es No hay sombra bajo los árboles (Celdas Ediciones, El Salvador 2021). Ha participado en antologías, festivales y ferias de libros nacionales e internacionales. Compiladora de la Antología de Poetas Chiapanecos La piedra del fuego (Editorial Cultura, Secretaria de Cultura y Deportes de Guatemala, 2019). Sus textos de la antología Voces de América Latina (Edit MediaIsla, E. U., 2016) fueron parte de la cátedra de Literatura en la Universidad Hunter College of New York. Ha recibido varios reconocimientos por su trayectoria. Su libro Llévate los sueños, déjame los recuerdos, ganó el fondo de publicaciones 2020 del Coneculta-Chiapas, Secretaría de Cultura. Dirige el fanzine Yomoram Jayatzame que promueve la literatura hecha por mujeres. Colabora con festivales de poesía de otros países, y es representante de varios movimientos literarios entre los que podemos mencionar Fridas de Barcelona y Grito de mujer. Es Directora del Festival Internacional de Poesía Contemporánea San Cristóbal y coordinadora de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh. Asimismo dirige el Encuentro Internacional de Poesía Centroamérica Poética-Chiapas.

BAJO LA SOMBRA DE LA CEIBA
Rosario me nombró
y enterró mi ombligo a los pies de la ceiba.

Madre pensó
que al enredarse con sus raíces
recorrería sin problemas los senderos del porvenir
tendría la fuerza necesaria
para remontar el río de las cosas cotidianas.
Confiaba,
en que el poder de su ramaje ahuyentaría al miedo
hiriéndolo.

Con los años, el árbol alcanzó la edad suficiente
y la extensión de mi estómago se desarrolló con él.
Se quedo sin hojas,
llego la lluvia con los rayos, incendiaron sus ramas,
los dioses desataron su ira y quemaron mi nombre,
el calor del fuego mostró el desamparo de las madrugadas
y el peligro que existe en los caminos del insomnio.

Avergonzada,
me alejo de la sombra del árbol calcinado.
He desobedecido los consejos del ángel de la guarda.

MAMÁ
La tarde está triste
mamá tiene cáncer
sin nada que perder ese pequeño dios
la engulle ávidamente.

En la plaza de los muertos
la espuma del mar se cuelga de la noche
y el cáncer de mamá es como una llaga en la calle.

Con mis dedos
removí las piedras del cementerio
los fantasmas insistentes me llaman
solo estoy entristecida
la existencia se escapa en segundos
es una fugitiva.
Las estrellas también lloran
cuando alguna se pierde
en el laberinto de la enfermedad.

Nunca acerté a vivir como debe ser
la vida se me encimo con todo y sus deudas
mamá siempre vino a rescatar
los escombros
y a barrer con su cariño
los despojos
detuvo con sus manos el abismo.

Se disecan los recuerdos
en mí afloran los reclamos
se ha soltado el animal de la discordia
mi corazón se revela
y encaró a Dios como David a Goleat.

Debo matar a la muerte
para que mamá pueda seguir viviendo.

TE ENCONTRÉ POR FIN
He visto tu aterido rostro
silencioso como piedra
tus pies largos y delgados
se abren rasgando el viento
al tiempo que unos perros en la lejanía
hacen presencia con sus ladridos lastimeros.

Espere tanto por ti,
espere tanto este momento
tus huesos descarnados mueren bajo los rayos del sol
necesitan una buena sombra para revivir.

El manantial de la desaparición
ahogo tantas lágrimas,
tanta tristeza, tanta pena;
la abrazante desesperación maduró ardiente
quemaba a diario mis pensamientos.

Sobre esas llamas
quise incendiar muchas veces este sentimiento
pero los sueños
pero las ilusiones
pero todo
impidieron que hiciera una pira con ellos.

Te encontré, por fin,
no hay un velo que caiga sobre el fuego
ni sorpresa por algo que sabía desde antes.

El recorrido ha terminado
la zozobra ya no existe.