Roberto Rico

(Cintalapa, Chiapas, 1960). Es autor de los siguientes volúmenes de poesía: Varia optometría (1987), Reloj de malvarena (1991), Nutrimento de Lázaro (2000), La escenográfica virtud del sepia (2000), Parlamas (2011), Ars vitraria (2013), Jasón es un acrónimo (2015), una selección de su obra poética, y Radio frenesí y otras sintonías (2018).

¿Por qué trazar con tiza blanca el contorno de un cadáver en el suelo?

Otras veces el Animalfabeto juega con su propia sombra:
dibuja y marca con tiza su contorno, se acuesta sobre ella,
cierra los ojos y no sabe si está muerto o duerme.
Juan Luis Martínez

Llegado el otoñal invierno
u otras nociones que almacenen eso frugal e indefinible
(como dejar así, conexas, en versoide línea,
la disyuntiva ‘u’ y la copulativa ‘e’) ;
eso difuso que recrea su indeterminación en tonos ocres
y pajizos; otoño si eso fuera, sedimento volátil,
reminiscencia de sonatas para violín y piano,
me dejo conducir por el paisaje de las inmediaciones.
Un silbido bronquial sostiene
mi ruta diaria bajo un túnel de eucaliptos. Ya próximo a la cuesta
donde se asienta en dos niveles una fábrica de ataúdes
[“inenarrable carpintería del sufrimiento”]
elijo a Brahms, coloco los audífonos, emprendo la subida,
saludo a los vecinos que conviene saludar a señas;
entra con ruido el aire a mis pulmones
y modulo el volumen con que exhalo y transpiro; escucho
brotar la sal que enjuga mis axilas,
cada una con su punto y coma impreso en marcas de agua.
Caen agudas notas en mi laringe, allí se aferran
como señuelos hasta que un tosido violento las devuelve a un punto
de ensoñación cercano al pupilente impar del disparate:
un anfiteatro donde se felicitan mutuamente médicos
por haber consumado intervenciones a corazón abierto
en personas de 20 a 38, durante cuatrimestre y medio.
El colectivo parabién concluye y el ascenso continúa.
Reanudo mis zapatos y la marcha.
Y este ejercicio aeróbico pospuesto
se espesa en lo específico, en su falta de suficiente oxígeno.